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martes, 5 de julio de 2011

LA DIVERSIDAD DE CREENCIAS, COSTUMBRES Y MITOS EN NUESTRA CULTURA ANDINA

El curanderismo es una parte importante de la tradición latinoamericana de la curación folklórica que incorpora el uso de hierbas, masajes y rituales al igual que el espiritualismo y misticismo, en sus prácticas.

Se cree que los curanderos tienen un don divino para curar, el don de Dios. La teoría motora detrás de esta práctica es que Dios puso en la tierra hierbas curativas, después seleccionó ciertas personas para canalizar Su gracia curativa.

La gran mayoría de nuestra gente posee conocimientos sobre las propiedades medicinales o curativas de nuestra región. Hemos tenido igualmente buenos médicos o curanderos, entre los que podemos citar a Don Francisco González Pino, padre del Maestro Maximiliano González Navarro. También a Doña Isabel Llaja Aguilar, muy conocedora de las propiedades medicinales de las plantas y doña Patricia Chibani Llaja, hija de un “gentil” y madre del desaparecido coterráneo Don Maximiliano Huillca Chibani. Es necesario aclarar que las personas citadas no eran brujos y, por consiguiente, no utilizaban sus dotes mágicas en el tratamiento de los enfermos. Sin embargo, también había unos pocos brujos.

Son muchas las enfermedades que en base a yerbas y plantas medicinales se pueden curar. Por otro lado, conviene decir que en nuestro medio existen algunas categorías en cuanto al conocimiento de esta labor. Así tenemos que, al quien adivina el daño de algún prójimo y por el que viene sufriendo, puede asimismo curarle de dicha enfermedad o en su defecto, está en condiciones de poder determinar si la enfermedad del paciente es susceptible de ser curado o no, con los procedimientos que él emplea. Aparte de este curandero adivino, tenemos al curandero que cura enfermedades ocasionadas por brujería, o también el curandero que efectúa "llamados", es decir, que invoca el nombre, repetidas veces, de la persona que padece de susto, debido según se cree, a que su alma se ha quedado en algún lugar, concretamente donde fue el escenario de algún incidente o accidente desagradable como puede ser una caída del caballo o del burro, un tropezón o una rodada por alguna pendientes; haber sido asustado por un toro bravo o una culebra, zorro, puma, etc. Asimismo, cuando dichos sustos son atribuidos a espíritus malignos como el duende, el guacrayo, el shapingo o las almas del más allá o de la otra vida o purgatorio, etc, según la creencia.

Los procedimientos usados para curar algunas enfermedades son las siguientes:
La limpia o sobada con alumbre Para diagnosticar el susto. También utilizan el cuy, de color blanco o negro, sin ninguna pinta o mancha
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La medicina complementaria y alternativa es el conjunto de prácticas de curación que no se considera actualmente parte de la "medicina convencional" o que no aplican criterios científicos para demostrar su validez. Por tanto son consideradas como pseudociencias por la comunidad científica. [1]Entre estas prácticas se incluyen, entre otras, la acupuntura, la quiropráctica, el masaje o la homeopatía. La gente emplea terapias de medicina complementaria y alternativa de diversas formas. Cuando se usan solas se las suele llamar "alternativas". Cuando se usan junto con la medicina convencional, se las suele llamar "complementarias".   La lista de lo que se considera medicina complementaria y alternativa cambia continuamente, ya que una vez se comprueba que una terapia determinada es eficaz e inocua, ésta debe incorporarse al tratamiento convencional de la salud, dejando de ser alternativa, al igual que cuando surgen enfoques nuevos para la atención sanitaria. Desde hace unos quince años se ha promovido la evaluación de estas modalidades de tratamiento con métodos objetivos o científicos, con un resultado extremadamente pobre, pues ninguna de ellas ha conseguido probar así su efectividad.

Fuente: http://es.wikipedia.org/wiki/Medicina_complementaria_y_alternativa



 Chaman en ceremonia ritual.
La brujería presenta un auge en muchas regiones del Perú, donde políticos, profesionistas e inclusive religiosos de todos los niveles económicos e intelectuales,  recurren a los ancestrales chamanes para ser curados.
Hasta hoy se sigue creyendo y utilizando los servicios de estas personas, pero ahora están más enfocados al tema del curanderismo, que se encargan de “limpiar” todo tipo de daño, susto, enfermedades extrañas, y generar en ti buenas vibras para acercar el éxito, ésta arraigada creencia sigue generando mucho beneficio económico para estos brujos a pesar que la ciencia y la medicina han avanzado mucho y se sabe que las enfermedades en general se presentan por un problema físico o mental.


LLissela Ruiz Rivas Plata

lunes, 4 de julio de 2011

LA CREENCIA ANDINA EN LA VIDA DESPUÉS DE LA MUERTE


Las diversas culturas que han poblado nuestro planeta constantemente han reflexionado sobre la muerte, su origen, sus causas, su significado y principalmente lo que sucede después de esta.

Nuestra ancestral cultura inca no fue la excepción, y la entendió como una transición hacia una nueva vida que continuaba de la misma forma que había transcurrido aquí y que cada uno de los miembros pertenecientes a la sociedad seguía cumpliendo sus  mismas funciones después de muerto.

Arguedas menciona: “El indio está seguro de que la muerte es sólo el tránsito a otra vida”, además narra que esa mentalidad además de devenir de la cultura indígena, se vio reafirmada con la llegada del catolicismo a los andes. A continuación algunas evidencias.

Los incas sentían un profundo respeto por los antepasados, ya que creían que había otra vida más allá de la muerte. Por ello secaban y embalsamaban a sus difuntos y los enterraban con alguna de sus pertenencias y numerosas ofrendas, para que pudieran continuar con su vida en el otro mundo; si el difunto era una mujer, colocaban en su tumba su telar y lana para hilar; si era un hombre, las mujeres se cortaban el cabello como señal de duelo, se colocaban un manto sobre la cabeza y lloraban, gemían y cantaban alabanzas.

Entierro Inca custodiado en el museo La Ligua, Valparaíso, Chile
http://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/3/39/Entierro_inca.JPG

Los incas creían en la vida después de la muerte, pero como una prolongación de la vida terrenal, por lo cual, los muertos conservaban su jerarquía y tenían todas las necesidades propias de los vivos. Es por ello, que las momias o mallquis de los soberanos muertos eran conservadas por las panacas o linajes reales, y eran mantenidas como en vida, con todas sus antiguas prerrogativas.


Pero tal como narra anteriormente Arguedas, estas creencias no desaparecieron tras la conquista, por el contrario se reafirmaron.

Más que a la aceptación de las nuevas creencias, al abandono de sus propias tradiciones. Porque en su largo pasado cultural no habían encontrado ningún inconveniente en ir asimilando dioses y rituales foráneos con un espíritu sincrético que había permitido la coexistencia de las estructuras religiosas regionales o incluso locales, con los cultos estatales impuestos por los Incas.
De manera consciente o inconsciente, los indígenas andinos asumieron por una parte la actitud de aceptar, aunque lo hicieran con intención de enmascarar las unas con las otras, las nuevas creencias, para pasar de un sincretismo ideológico a otro ritual.


San Francisco Solano (1576 -1610), predicador incansable que durante el siglo XVI tuvo una labor destacada en la evangelización del Perú y América.
  
Sin embargo hoy en día existen tendencias que vienen rompiendo el paradigma del sincretismo religioso tal es el caso de las zonas andinas de Perú y Ecuador.

Estudios llevados a cabo por misioneros y por el investigadoren estadísticas Patrick Johnstone, observan que los Quichuas de la sierra llegan a ser el 40.9% de la población en Ecuador de un total de 12.500.000; aunque en algunos lugares este porcentaje sobrepasa al 80% (Johnstone 1998, 2001). El periódico El Comercio, (periódico nacional producido en Quito, capital del Ecuador) cita a Basilio Molán, Secretario General de la Federación Ecuatoriana de Indígenas Evangélicos (FEINE), quién explica que los últimos censos indígenas muestran que el 62% de los Quichuas en el altiplano se identifica a sí mismo como Evangélicos Protestantes (El Comercio, 13 de marzo del año 2000, 18).


Además hay quienes aseveran que todas las costumbres andinas han sido de alguna manera retocadas por el catolicismo y otras religiones.

Los gestos y actos rituales andinos contemporáneos pasaron por los esquemas litúrgicos católicos y por la persecución de los extirpadores de idolatrías que recluyeron a los hechiceros o depositarios de los cultos prehispánicos. Por muy tradicionales que sean los gestos y los actos litúrgicos andinos contemporáneos se puede afirmar que todos o casi todos están atravesados por la simbología cristiana, aparte de que utilizan símbolos católicos y se desarrollan en un contexto relativo a muchos de los principios litúrgicos cristianos.


Finalmente podemos asegurar que muy a pesar de haber sufrido de innumerables embestidas, la cosmovisión andina sobre la vida después de la muerte sigue viva en gran parte de nuestros andes peruanos.
Aunque disfrazada o “remezclada”,  se mantiene y conserva en un sistema de creencias, cultos y rituales que nos permiten permanecer conectados a nuestra ancestral cultura incaica.

Video que muestra la cosmovisión andina de la vida despues de la muerte.

José Luis Chávez Peláez.

jueves, 30 de junio de 2011

EL GRAN APEGO DE LA CULTURA ANDINA A LO ESPIRITUAL


Cada pueblo se forja en torno a una serie de patrones y sistemas de conocimientos, estos conocimientos generados durante siglos determinan la espiritualidad de un pueblo, es decir la forma en que perciben el mundo.

La espiritualidad de la cultura andina  responde a una conjunción de elementos de alianza con el trabajo, la Madre Tierra, un vivir con el cosmos, con los elementos naturales y con todos los seres vivos, y lo sobrenatural.

Arguedas narra en sus obras, la manera en la que el indio ama y admira a la naturaleza, aprende de lo celestial y respeta lo inmaterial o desconocido (sobrenatural).

La espiritualidad no es solo el rito de la ofrenda a la Pacha Mama en fechas determinadas, es mucho más que eso…“Los Incas tenían por indiscutible la identidad del trabajo con la alegría y la vida; para ellos trabajar era vivir alegremente. Aprendían por el trabajo; se vinculaban entre ellos y con Pachamama por el trabajo, se mantenían saludables por el trabajo, se realizaban por el trabajo, y sus mejores fiestas las llevan a cabo trabajando; por eso es que la casi totalidad de sus canciones, de sus danzas y de sus expresiones de alegría se relaciona con el trabajo.


En la sagrada tradición Inca, la naturaleza, lo creado, los hombres, los animales, toda la existencia, toda expresión de vida, están interconectados a través de la imagen trascendental de la Madre Tierra, la Pachamama....
Todo se inicia allí en la Pachamama que como primario don nos entrega la figura de la Madre, que acoge la semilla de la vida, la lleva dentro desarrollándola para luego entregarnos sus frutos, que son alimento para nuestro cuerpo y para nuestro interior.
Pachamama nos nutre porque somos sus hijos porque su vocación es que seamos los artífices, los artistas, los arquitectos de la creación.
Pachamama nos dona sabiduría para aprender a manejar y conectarnos con toda la Naturaleza.
Pachamama nos da la sagrada energia de la Providencia, del proveer recibiendo, del disfrutar sosteniendo, del necesario equilibrio místico de los elementos.
Pachamama es la primera maestra en la escuela espiritual de la Vida.          


Pago a la Pachamama

Los incas dividían al universo en tres planos o niveles intercomunicables: El “Janan Pacha”, que equivalía al cielo y era el lugar de residencia del sol, la luna, las estrellas y los astros restantes; el “Kay Pacha”, que era la Tierra, donde residía el hombre, los animales, los vegetales y los espíritus terrestres; y, por último, el “Ucju Pacha” o el subsuelo, lugar de residencia de los muertos, los espíritus malignos y los gérmenes de las enfermedades.


Sin embargo en algunas sociedades contemporáneas la espiritualidad difiere mucho de lo natural y cultura es todo lo que se opone a naturaleza, dando prioridad a lo material e insustancial.

El ser humano está desarraigado de la naturaleza. Puede que alguna vez estuviera bien adaptado a su medio natural. Pero, aunque parezca contradictorio, me atrevería a decir que, si alguna vez el ser humano estuvo bien adaptado a su entorno natural, no era humano.

El ser humano se ha construido a si mismo en un continuo proceso de desadaptación de su entorno natural y adaptación simultánea al medio que él mismo ha creado con los productos de la cultura y, en especial, de la técnica. Mis pies están bien adaptados a la suela del zapato y de poco me sirven desnudos. Con la cultura y, principalmente, con la técnica el ser humano ha ido tapando la naturaleza y creando un supramedio al que ha ido adaptándose.


Pero hay quienes tildaron a la cultura indígena de bárbara, agresiva y profana:

De todo lo expuesto podemos colegir, entonces que el Estado Inca fue un estado conquistador conformado por un conglomerado de tribus, pueblos o etnias (naciones), con característica y peculiaridades diferentes, disímiles y hasta contrarias entre sí. De ahí que la colonización Inca y los vínculos de reciprocidad y distribución de los excedentes, también se aplicaron diferentemente en función a cada etnia. Las relaciones del Estado Inca con los pueblos o naciones conquistados o aliados, según el caso, diferían de unos a otros. Esta situación también contribuyó a la desintegración.


En definitiva, es cierto que el imperio inca fue un estado conquistador y expansionista, pero eso no le quita el nivel espiritual que alcanzaron, ni las normas de conducta que establecieron entre ellos, el respeto y admiración a la naturaleza y con sus semejantes; en cambio, el occidental aportó al mundo la desocupación, la explotación, el engaño, la miseria, la ociosidad, etc. 


José Luis Chávez Peláez